España tiene una de las mayores densidades de dentistas de Europa, y años de cierres en las grandes cadenas han dejado al paciente desconfiado. Eso cambia lo que decide una primera visita: ya no es el precio, son las reseñas, la visibilidad y quién responde primero. Los datos de sus pacientes se alojan en Fráncfort, dentro de la UE.
El mercado español tiene tres rasgos que condicionan de dónde salen los pacientes nuevos. Ninguno de ellos se resuelve con un folleto.
La sanidad pública cubre poco más que urgencias y extracciones para el adulto. Es decir: prácticamente cada tratamiento lo paga el paciente de su bolsillo. Quien paga de su bolsillo compara, lee opiniones y tarda en decidirse — y suele decidirse por quien le transmite seguridad, no por quien cobra menos.
Los cierres y concursos de acreedores en el sector dejaron a mucha gente con tratamientos a medias y financiaciones abiertas. El resultado es un paciente escéptico ante la publicidad dental. Frente a eso, las reseñas verificadas de pacientes reales pesan más que cualquier campaña, y una clínica sin reseñas recientes parece dudosa aunque lleve veinte años abierta.
La búsqueda es "dentista cerca de mí" o "clínica dental" más el barrio, y se resuelve en el mapa de Google antes de llegar a ninguna web. Después, el paciente escribe por WhatsApp — no llama. Si nadie contesta esa tarde, escribe a la siguiente clínica del mapa.
El perfil de empresa en Google se mantiene al día: categorías, tratamientos, horarios, fotos, publicaciones y preguntas. Con un seguimiento diario de la posición para las búsquedas de su propia zona, no una media nacional.
Los mensajes de WhatsApp, Instagram y la web se contestan al momento, en el idioma en que escribe el paciente, y se convierten en cita real respetando su horario y su agenda.
Tras la visita se pide valoración automáticamente. Quien está satisfecho va a Google; quien no lo está llega antes a la clínica, en privado, para poder resolverlo.
Recordatorios antes de la cita, confirmación previa y avisos de revisión. El hueco que se libera se ofrece a una lista de espera en lugar de quedarse vacío.
Una llamada perdida genera al instante un mensaje, para que el paciente tenga noticias suyas antes de llamar a la clínica siguiente.
La base de datos está en Fráncfort. No hay ninguna transferencia a Estados Unidos que usted deba evaluar.
Es la primera pregunta que hace una clínica española, así que la respuesta está aquí y no escondida en una política.
La base de datos está en Fráncfort, Alemania. Nombres, teléfonos, citas, historial de mensajes y consentimientos se guardan allí y en ningún otro sitio. Hasta el 3 de agosto de 2026 estuvo en Estados Unidos; se trasladó.
No todo se queda en el EEE. WhatsApp e Instagram funcionan a través de Meta, los SMS por Twilio, y la sincronización de agenda y las respuestas de IA por Google. Esas transferencias se amparan en cláusulas contractuales tipo. Lo decimos porque la frase honesta es "la ficha está en la UE", no "nada sale nunca de la UE".
Usted es el responsable del tratamiento; ChairFill, el encargado. Existe un contrato de encargo del tratamiento real y una lista completa de subencargados con qué recibe cada uno y dónde lo trata. Léalos antes de registrarse, no después.
Lo que no tenemos: certificación ENS ni ISO 27001. Si su clínica trabaja con concertación pública o su aseguradora lo exige, hoy no lo cumplimos. Preferimos decirlo ahora.
En Fráncfort, Alemania — dentro de la UE. La lista de subencargados detalla cada proveedor y dónde trata los datos.
Para la base de datos no, porque no sale del EEE. Para mensajería, agenda e IA sí, y consta en el apartado 13 del contrato de encargo.
Sí. ChairFill va por delante — Google, mensajes, citas, recordatorios — y no toca la historia clínica. Las citas se sincronizan con Google Calendar.
Sí, y responde en el idioma en que escriba el paciente, algo útil en zonas con mucho paciente extranjero. El panel de gestión de la clínica está hoy en inglés.
Hoy en dólares estadounidenses. La facturación en euros y el domiciliado SEPA están en desarrollo; preferimos decirlo antes que insinuar lo contrario. Los primeros 30 días no requieren tarjeta.
Se atiende como exige el RGPD. El borrado se propaga a los sistemas donde ChairFill guarda ese dato; lo que ya salió por WhatsApp al teléfono del paciente, evidentemente, no.
Primeros 30 días sin tarjeta. Si no trae pacientes, no ha perdido nada.
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